El Volkswagen Polo siempre ha sido uno de los coches urbanos por excelencia, junto a sus primos del Grupo VW, el Seat Ibiza o el Skoda Fabia. Pero el Polo siempre ha aportado la calidad habitual de la marca, muy cerca de un Audi A1 sin ir más lejos.

Con 4,07 metros de longitud, su maniobrabilidad en ciudad es excelente y mantiene una muy buena estabilidad y dignas aptitudes en carretera.

R-Line, merece la pena
El acabado R-Line ofrece una serie de aditamentos exteriores sobre el acabado base, el Life, que por 1.850 euros más merecen la pena. Porque, por ejemplo, las llantas son de 16 pulgadas y no de 15, añade sensores de aparcamiento, el Digital Cockpit Pro’con pantalla multicolor de 10,25 pulgadas o, lo más interesante y ya comentado, el paquete exterior deportivo R-Line.

Claro que si se busca precio, con el acabado Life se queda en 21.860 euros y no los 23.710 de este R-Line, pero la diferencia, sobre todo de aspecto, es muy notable. Y es que también lleva unas molduras cromadas que imitan salidas de escape o ventanillas traseras y luneta oscurecidas.

Igual que la sensación que se tiene al subir al coche. Que ya disponga de una pantalla de infoentretenimiento a color o tenga una más pequeña para el día a día quizá provoque el arrepentimiento por no haber pagado esos casi 2.000 euros.